Juanelo Turriano
De TicTacPedia
[editar] El Relojero de Carlos I y Felipe II
Juanelo Turriano fue principalmente un relojero al servicio de Carlos I y de Felipe II, aunque también destacó por otro tipo de trabajos. Fue un personaje genial y misterioso que se granjeó fama en vida y alrededor del cual se fueron forjando leyendas tras su muerte. Turriano nació hacia 1500 en un pueblo cercano a la ciudad de Cremona, en Lombardía, territorio que se había convertido en un importante foco de producción industrial durante el gobierno de los Sforza y cuna de algunos de los genios científicos más destacados de la época. Tanto Cardano como Tartaglia nacieron y se formaron en el mismo ambiente cultural de la Italia septentrional en que discurre la primera etapa de la vida de nuestro personaje. A partir de la victoria imperial en Pavía, en 1525, la zona quedó bajo la órbita de la monarquía española, circunstancia que determinaría la carrera del joven Turriano.Su nombre era Giovanni, pero era conocido como Gianello o Janello, que en España derivó en Juanello o Juanelo, apodo que hizo famoso. Poco se sabe de su infancia, y la información que tenemos está rodeada de la leyenda que acompañará toda su biografía. Se nos cuenta que Juanelo era un muchacho humilde dedicado al pastoreo que, durante sus vigilias nocturnas al cuidado del ganado, lograba deducir el curso de los astros sin otros conocimientos o instrumentos que su genio innato. La realidad, por supuesto, fue muy distinta, pues fue Giorgio Fondulo, médico, matemático y profesor en la Universidad de Pavía, quien inició a Turriano en los fundamentos de la astronomía.
Lo que sí es cierto es que nos encontramos con un individuo formado fuera del ámbito académico, cuyos conocimientos tienen más que ver con el aprendizaje práctico que con la teoría y la especulación escolástica. Lo más verosímil es que, siguiendo el modo habitual en la época, aprendiese en el taller de su padre, Gerardi Turriano, a construir y reparar instrumentos mecánicos. De hecho, Juanelo lo menciona como maestro, aunque sin especificar en qué oficio. Tras esta primera formación doméstica, entró como aprendiz en uno de los talleres de relojería de Cremona, trasladándose al poco tiempo a Milán, donde llegó a ser maestro relojero y mecánico.
Las noticias que se tienen de los trabajos de Gianello Turriano en esta etapa revelan su temprana pericia como constructor de maquinarias ingeniosas. Fabricó una potente grúa capaz de elevar unos cañones de bronce que, situados en una profunda fosa, varias yuntas de bueyes no conseguían levantar. También propuso una máquina para dragar la laguna de Venecia , que era uno de los retos más difíciles para la ingeniería italiana de la época, y mejoró unas bombas de elevación de agua. Se le atribuye, además, la invención de un sistema que mantenía los cuerpos horizontales aunque estuviesen sometidos a fuertes vaivenes, muy útil para el transporte de fluidos, y que es conocido hoy como suspensión Cardan en memoria de su compatriota Cardano.
Juanelo y Carlos I de España y V de Alemania
Durante veinte años, el artífice cremonense se dedicó a diseñar el maravilloso reloj astronómico destinado al emperador, obsesionándose de tal manera que, según el cronista y amigo suyo Ambrosio de Morales, enfermó y estuvo al borde de la muerte.
Una vez resueltos tan complejísimos cálculos, sólo invirtió tres años en la conclusión de la pieza. Para construir las ruedas inventó un torno que tallaba los espacios de los dientes con inigualada precisión y rapidez. En total, el mecanismo movía una 1500 piezas, cuyo desplazamiento debía estar perfectamente regulado para señalar, además de los días y las horas, los movimientos de todos los planetas conocidos. A esta obra le debería Juanelo Turriano su fama de relojero en toda Europa.
En el año 1554, el emperador Carlos I le hizo venir desde Milán a Bruselas para que se incorporase a su servicio. Allí conocería, entre otros, a personajes como Juan de Herrera. Acompañó después al emperador en su retiro de Yuste desde principios de 1557 hasta la muerte de éste en 1558. Juanelo era una de las 50 personas de su servicio y se encargó allí del mantenimiento de los relojes del emperador, a los que Carlos I era extraordinariamente aficionado. Se cuentan numerosas anécdotas de Juanelo en esta etapa; se dice que hizo fantásticos autómatas que volaban. También cuenta Ambrosio de Morales que hizo un molino tan pequeño que cabía en una manga.
Juanelo y Felipe II
Hasta 1565, en que tenemos a Juanelo definitivamente instalado en Toledo para la construcción de sus famosos ingenios, reside y trabaja en Madrid, donde Felipe II acababa de trasladar la capital de su monarquía. Era inevitable que la presencia de Juanelo fuera requerida también en la obra más importante de las emprendidas por el monarca: el monasterio de El Escorial. Aunque no tenemos evidencia documental de que residiera allí durante su construcción, como sí hiciera Herrera, sí le podemos encontrar colaborando con el relojero Toroja en la conclusión de un reloj destinado a una de las torres del monasterio y dando su atinada opinión acerca de la relación entre el tono musical de las campanas de la basílica en función de su tamaño.
Entre las intervenciones de Turriano para Felipe II, hay una que nos confirma los conocimientos del relojero. Se trata de la reforma del calendario emprendida por el papa. Esta cuestión era de lo más urgente dado que el desajuste entre el tiempo astronómico y la fecha del calendario alcanzaba ya más de una decena de días. Entre los científicos que fueron consultados estuvo, por supuesto, Juanelo Turriano, quien escribió su “Breve discurso en torno a la reducción del año y reforma del calendario”. Junto con unas tablas que permitían calcular la correcta correspondencia de las fechas, elaboró unos instrumentos que hicieran posible acomodar el calendario vigente al nuevo, pero que, finalmente, no fueron utilizados.
Las relaciones entre Turriano y el monarca fueron menos íntimas que las mantenidas con el emperador. El traslado de Juanelo a Toledo facilitó posiblemente el distanciamiento, y en el último tramo de su carrera ni siquiera satisfizo una de las demandas del rey, que le pidió que escribiera un tratado sobre el funcionamiento de los complejos mecanismos de relojería que había construido para su servicio. A pesar de ello, tenemos evidencia del aprecio que sentía por las obras de su relojero. Así, cuando el archiduque Carlos de Austria visitó Toledo, Felipe II ordenó que, entre otros agasajos, se le llevase a la casa de Juanelo para que se le mostrasen los relojes, astrolabios y otros instrumentos que éste había construido.
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